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Cartel de las fiestas de San Fermín

Cartel de las Fiestas de San Fermín (Pamplona), de 1890, cuyo autor es desconocido.

Los carteles taurinos son interesantes desde varias perspectivas: gráfica, artística e histórica. En su dimensión gráfica permite apreciar la evolución del mayor instrumento de propaganda de la fiesta de los toros, la evolución de costumbres (horarios, orden de la lidia, etc.), sus preceptos y el gusto cambiante de la afición (el protagonismo de los picadores o del toreo a pie). En su dimensión artística, permite observar el influjo de las distintas corrientes artísticas (neoclasicismo, romanticismo, vanguardias…) en este soporte, así como su valor estético intrínseco o bien la obra de artistas gráficos relevantes. Por último, su dimensión histórica permite guardar recuerdo de corridas famosas en las que se produjese algún evento muy relevante, como la alternativa o la muerte de un torero.

La mayoría de los carteles eran producidos en bloques de madera (xilografía) o grabados del metal con poco color o diseño.

El desarrollo del proceso litográfico de tres colores de Cheret abrió una brecha que permitió que los artistas alcanzaran cada color del arco iris con tan sólo tres piedras -generalmente rojas, amarillas y azul – impresas en un registro cuidadoso.

Aunque el proceso era difícil, el resultado era de una intensidad notable tanto del color como de la textura. Esta capacidad de combinar palabra e imagen en un formato tan atractivo y económico, finalmente hizo al cartel litográfico, una innovación de gran alcance. Comenzando en 1870 en París, se convirtió en el medio dominante de la comunicación de masa en las ciudades de Europa y América. Las calles de París, Milán y Berlín fueron transformadas rápidamente en la “galería de arte de la calle,” entrando de lleno en la edad moderna de la publicidad.

Durante el 1890, la afición por el cartel estaba en plena floración. En 1891, el primer cartel de Toulouse-Lautrec’s, “Moulin Rouge”, elevó el estado del cartel al la categoría de arte.

El cartel fue introduciéndose lentamente en otros países pero a partir de 1880, se aceleró su popularidad. En cada país, el cartel fue protagonista también de todos los eventos culturales de importancia de la sociedad europea. Las primeras distribuciones masivas de carteles fueron llevadas a cabo en Gran Bretaña e Italia en 1894, Alemania en 1896, y Rusia en 1897.

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Cartel de las fiestas del Pilar de Zaragoza

Este es un cartel perteneciente a las Fiestas del Pilar de 1894 (siglo XIX), cuyo autor es Marcelino de Unceta.

Las Fiestas del Pilar son las fiestas patronales de Zaragoza (Aragón, España) que se celebran en honor de la Virgen del Pilar, patrona de la ciudad. Tienen lugar la semana del 12 de octubre en que se celebra la fiesta patronal. Por lo general, las fiestas suelen durar unos diez días.

Durante estos días, tienen lugar un buen número de eventos festivos. Entre las celebraciones se encuentran las religiosas o la feria taurina del Pilar, entre otros.

El cartel es una técnica publicitaria y género artístico que adquiere un desarrollo y lugar destacado en el arte contemporáneo europeo a partir de 1880. La aparición y evolución del cartel anunciador en Aragón están supeditadas a la industrialización de las técnicas de impresión en color. El cartel, como fenómeno fundamentalmente urbano, ha tenido una mayor importancia en Zaragoza. Se inicia a finales del siglo XIX, hacia los años de la Exposición Aragonesa de 1885-86.

En Zaragoza los tipos de carteles de mayor difusión fueron los de las fiestas del Pilar y los taurinos. La mayor parte de los carteles zaragozanos han sido creaciones de los pintores locales, destacando sobre todos ellos por su abundante producción Marcelino de Unceda, especialista en los taurinos y uno de los primeros creadores de este género en España. Marcelino De Unceta es precisamente uno de los primeros carteles de las fiestas del Pilar, el del año 1894.

El origen del cartel se sitúa en el siglo XIX, con el comienzo de la utilización de los medios de la impresión litográfica a tres tintas (generalmente tinta roja, amarilla y azul), que permitía gran cantidad de tonos y texturas.

El cartelismo constituye un auténtico capítulo aparte en la historia del Art Nouveau. Su precedente inmediato más notorio había sido sin duda la obra festiva, bulliciosa y colorista de Jules Chéret, cuyas cromolitografías aparecieron a fi­nes de la década de 1860. El  cartelismo Art Nouveau del siglo XIX tendría características algo distintas: el culto por la curva sinuosa y asimétrica, la casi constante pre­sencia de lo vegetal y la exuberancia decorativa propias del Art Nouveau en general, se combinan en el cartelismo con un acusado prurito de síntesis, aconsejado por las li­mitaciones de las técnicas gráficas y por la necesidad de comunicar un mensaje elemental a un público mayorita­riamente primario. Ello dio origen a uno de los géneros más fecundos de la historia contempo­ránea del arte.

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Cómic “The Yellow Kid”

CÓMIC “THE YELLOW KID”

The Yellow Kid

Hacia finales del siglo XIX en Europa como en Estados Unidos, los periódicos recurrían a diferentes incentivos con el fin de atraer el mayor número de lectores y, por consiguiente, controlar el mercado. La modernización de los sistemas de impresión de Estados Unidos va a permitir que a partir de 1893 en los suplementos dominicales apareciera una página en color. En esta página del “New York World” apareció en 1895 una viñeta del dibujante Richard F. Outcault que va a sentar las bases de la historieta actual.
El personaje que crea es The Yellow Kid, un chino vestido con un largo camisón amarillo, de los barrios populares de Nueva York. En él se daban, por primera vez, las tres condiciones que -según R. Gubern- permiten identificar al cómic tal como lo concebimos hoy día. En primer lugar, secuencia de imágenes consecutivas para articular un relato. En segundo lugar, la permanencia de, al menos, un personaje estable a lo largo de una serie y por último, la integración del texto en la imagen.
Mickey Dugan, más conocido como El Chico Amarillo, fue el principal personaje de la serie Hogan’s Alley (1895-1898), considerada la primera tira impresa a color en un periódico masivo de los Estados Unidos.  La serie también fue famosa por el empleo de “bocadillos” conteniendo el diálogo de los personajes, aunque el chico normalmente se comunicaba a través de frases que aparecían impresas en sus camisetas.
La tira, elaborada por Richard F. Outcault, iba apareciendo en ocasiones en la revista Truth (1894-1895), como una macro-viñeta en blanco y negro. Sin embargo, cuando la serie debutó en 1895 en el New York World de Joseph Pulitzer ganó una inmensa popularidad en la ciudad, y a partir de mayo de ese mismo comenzó a editarse en color.
Richard F. Outcault (1863 – 1928), estableció un escenario de personajes pintorescos y desharrapados donde aparecía un muchacho asiático, totalmente calvo, con grandes orejas, ataviado de un camisón azul (a partir de 1896 comenzó a ser amarillo), en el cual iba escrito una frase impertinente que variaba de una ocasión a otra.
La historia del Niño Amarillo describía la pobreza de las calles en medio de una muchedumbre anónima y cosmopolita, desagradando a la buena sociedad neoyorquina. Su trayectoria en la prensa se enmarca en el espacio temporal ocupado por la guerra hispano-norteamericana zanjada a causa del intento de secesión de Cuba de la corona española. Se establece que el color del largo faldón (amarillo), con que se vestía el chino, relacionado con uno de los dos que conforman la bandera española, marcó su final debido al rechazo hacia algo que se identificaba con lo hispano. El personaje creado por Outcault vio su final en el año en que España  perdió la guerra. (1898).
Al autor se le considera el inventor del cómic moderno. A su vez, será el descubridor de uno de los convencionalismos más importantes del lenguaje de los cómics: por un lado dará origen a la primera metáfora visualizada al colocar unas estrellas sobre la cabeza de un personaje que acaba de darse un golpe y por otro, añadirá líneas móviles que indican el movimiento de un niño que está saltando, con lo que su acción será aún más evidente que si careciese de ellas.
The Yellow Kid, fue el primer personaje de los cómics norteamericanos que se hizo extraordinariamente popular en el país.
La revista mensual británica Punch (1841), fue el motor de la expansión mundial del cómic, al dirigirse a un nuevo sector aupado también por la revolución social e industrial: la infancia. El modelo de Punch fue imitado en todo el mundo, dando lugar en Alemania a Fliegende Blatter (1848); en Japón, a The Japan Punch (1862-87), en España, a La Flaca (1869-76) y, en Estados Unidos, a Puck (1877), Judge (1881) y Life (1883), verdaderos campos de prueba en los que comenzaron, entre otros, Richard Felton Outcault y Frederick Burr Opper.
Surgen también series con personajes fijos, como el británico Alley Sloper, creada por W. G. Baster en 1884 para la revista Alley Sloper’s Half Holiday; Famille Fenouillard, creada por Georges Colomb para Le Petit Français illustré en 1889, y Little Bears and Tigers, del estadounidense James Swinnerton en 1892.

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Fotografías de Madrid

Madrid en el S. XIX

Fotografía de Madrid a finales del siglo XIX que corresponde a una panorámica de la Puerta de Alcalá. Al fondo, desde la confluencia de la calle Alcalá con la naciente Gran Via, en ese momento en construcción. A la izquierda se encuentra el famoso “Teatro Apolo”, que en la actualidad ya no se encuentra. A la derecha podemos observar un picador camino de la plaza de Toros.
La historia de la fotografía se inicia a principios del siglo XIX, cuando en 1816 el científico francés Nicéphore Niepce obtuvo las primeras imágenes fotográficas, aunque la fotografía más antigua que se conserva es una imagen conocida como Vista desde la ventana en Le Gras, obtenida en 1826 con la utilización de una cámara oscura y un soporte sensibilizado mediante una emulsión química de sales de plata.
Cuando Niepce comenzó sus investigaciones necesitaba ocho horas de exposición a plena luz del día para obtener sus imágenes. En 1839 Louis Daguerre hizo público su proceso para la obtención de fotografías basado en la plata denominado daguerrotipo, que resolvía algunos problemas técnicos del procedimiento inicial de Niepce y reducía los tiempos necesarios de exposición. Su procedimiento resulta ser el antecesor de la actual fotografía instantánea de Polaroid. Casi al mismo tiempo Hércules Florence, Hippolythe Bayard y William Fox Talbot desarrollaron otros métodos diferentes. El creado por William Fox Talbot se basaba en un papel cubierto con cloruro de plata que es mucho más cercano al de la fotografía de hoy en día, ya que producía una imagen en negativo que podía que ser posteriormente positivada tantas veces como se deseara.
Por esos tiempos el daguerrotipo era mucho más popular ya que era particularmente útil para los retratos, que empezaron a divulgarse entre la clase media burguesa de la Revolución industrial por ser mucho más baratos que los pintados, lo que dio un gran impulso a esta nueva técnica.

La fuente de Cibeles de Madrid formó parte de un proyecto llamado el Salón del Prado, fue diseñada por el arquitecto de Ventura Rodríguez. Fue construida por los escultores Francisco Gutiérrez Arribas y Roberto de Michel. El primero de ellos talló la figura de la diosa y el carro, mientras que el segundo talló los leones.

Fue inaugurada en 1782 y era utilizada para abastecer de agua a los ciudadanos. Fue en 1895 cuando la fuente fue trasladada a la plaza en la que actualmente se ubica, en ese momento dejo de ser utilizada para el abastecimiento de agua y se convirtió en un elemento decorativo.

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